El Citroën 2CV, un coche mítico que todavia perdura en el tiempo.

De él se fabricaron casi más de 5 millones de unidades.

El dos caballos, el Citroën 2 CV, es un automóvil que merece ser recordado por todos los amantes de los coches clásicos, a pesar de que no se caracterizara por el lujo, sino más bien por la elegancia que la casa francesa supo sacarle con una producción a bajo coste.

El padre de la criatura fue el ingeniero Pierre-Jules Boulanger, patrón de Citroën desde finales de 1934, cuando la familia Michelin se hizo con el control de la empresa, que desarrolló en su primer año el conocido en francés como TPV (vehículo mínimo).

Fue bajo la dirección de André Lefebre y la magia del popular Flaminio Bertoni, entonces responsable del diseño de la carrocería, quienes desarrollaron el acabado conocido por todos nosotros y que bautizaron con el sobrenombre de “paraguas de cuatro ruedas”.

A la sombra del nazismo

Las tropas de Adolf Hitler se adueñaron de la tierra gala durante la Segunda Guerra Mundial. El proyecto se mantuvo en secreto. Los prototipos fueron ocultados en sitios tan recónditos como graneros o, directamente, bajo tierra.

La labor de impedir que el prototipo fuera utilizado por los invasores fue posible. También ayudó a que el proyecto pasara desapercibido la reestructuración que se produjo en la industria automovilística, enfocada única y exclusivamente a la construcción de carros de combate de la marca Renault.

Pero el coche terminaría viendo la luz tras el conflicto. El 8 de octubre de 1948 en el Salón del Automóvil de París, bajo la atenta mirada de algunos periodistas que iban preguntando por “el abrelatas”, se presentó como se conoce hoy en día, con un motor bicilíndrico refrigerado por aire de 375 c.c. y una potencia de 9 CV.